- Introducción
- Cuando nada cuadra… pero todo empieza a tener sentido
- Lo que suele pasar antes de sospechar
- El alivio y el vértigo de darte cuenta
- Y ahora, ¿qué haces con esta nueva información?
- Si te reconoces en algo de todo esto…
INTRODUCCIÓN
Durante mucho tiempo, pensaste que simplemente eras una persona diferente.
Te sentías fuera de lugar en muchas conversaciones. Imitabas, observabas, buscabas la manera correcta de actuar para no incomodar. Había algo en el ritmo social que no terminabas de comprender, aunque lo disimulabas bien.
Aprendiste a encajar. O al menos, eso parecía.
Pero cada vez que salías de una interacción, necesitabas tiempo para recomponerte. Cada vez que intentabas ser “como los demás”, algo dentro de ti se tensaba. La vida social, el ruido, los cambios, los imprevistos… todo te desgastaba más de lo que podías explicar.
Y un día te preguntaste:
¿Y si no estoy exagerando? ¿Y si esto tiene una explicación real?
CUANDO NADA CUADRA… PERO TODO EMPIEZA A TENER SENTIDO
El autismo en personas adultas a menudo no se parece en nada al estereotipo infantil que nos han enseñado. No es “no hablar”, ni “no mirar a los ojos”, ni “no tener empatía”.
Es algo más sutil, más camuflado.
A veces, es una infancia en la que eras la persona con mucha sensibilidad, con demasiada intensidad o ”rara”.
O una adolescencia en la que te esforzabas por actuar como los demás, aunque por dentro no entendieras por qué todo era tan difícil.
Y en la adultez, se convierte en un agotamiento constante.
Porque has estado toda la vida adaptándote a un entorno que nunca terminó de adaptarse a ti.
LO QUE SUELE PASAR ANTES DE SOSPECHAR
Quizá llegaste hasta aquí porque algo empezó a romperse:
- Te diste cuenta de que ya no podías seguir fingiendo.
- Empezaste a evitar lo social porque te agota más de lo que puedes sostener.
- Sentiste que te sobrepasan los cambios, estímulos o tareas cotidianas.
- Notaste saturación emocional sin saber por qué.
O simplemente comenzaste a leer sobre autismo y, entre líneas, viste algo de ti.
No en los manuales, sino en relatos de otras personas adultas que contaban lo que nunca pudiste explicar con palabras.
EL ALIVIO Y EL VÉRTIGO DE DARTE CUENTA
Cuando aparece la sospecha de que puedes ser una persona autista, todo cambia.
De pronto, partes de tu historia cobran sentido. Las dificultades para interpretar dobles sentidos, la necesidad de estructura, la literalidad, la hipersensibilidad sensorial o emocional. Los intereses intensos. El bloqueo ante los cambios. La fatiga social. La confusión en las relaciones.
Y al mismo tiempo, aparece el vértigo:
- ¿Cómo no lo vi antes? ¿Cómo no lo vieron?
- ¿Tiene sentido que me lo plantee ahora?
- ¿Qué cambia si me identifico como autista?
Comienzan a cambiar muchas cosas. Sobre todo, la forma de mirarte.
Y AHORA, ¿QUÉ HACES CON ESTA NUEVA INFORMACIÓN?
No se trata de encasillarte en una etiqueta.
Se trata de darte permiso para dejar de forzarte a ser quien no eres.
De comprender que tu necesidad de rutina, de silencio, de espacios propios… no son caprichos. Son necesidades reales.
La terapia puede ayudarte a:
- Explorar tu historia desde una nueva mirada.
- Identificar cuánto has camuflado sin saberlo.
- Validar tu forma de funcionar, sin necesidad de justificarla.
- Aprender a comunicar tus límites sin sentirte culpable.
- Construir estrategias que respeten tu ritmo, tu forma de estar en el mundo.
SI TE RECONOCES CON ALGO DE TODO ESTO…
Tal vez ha llegado el momento de dejar de forzarte a encajar.
Aquí puedes encontrar un espacio seguro para explorar, entender y empezar a vivir de forma más auténtica.
